«Yo tuve una hija llamada María»
Palabras de mi abuela, madre de mi madre.
Mi madre falleció cuando yo tenía apenas 8 años. A pesar de esforzarme por recordar, mi memoria de esa época es muy vaga. De hecho, es la primera vez que escribo sobre ella tan directamente.
¿Qué recuerdo de ella?
Verla maquillándose en el espejo del baño, estirando la cara, con el mentón hacia abajo y las cejas hacia arriba, mientras yo la miraba atentamente pensando el por qué del gesto. Hoy en día cuando me maquillo en la mañana me sorprendo haciendo la misma expresión 😀
Otro momento que atesoré como el recuerdo más preciado, es a ella meciéndome una noche que no me podía dormir, en su regazo, mientras mi hermana mayor dormía.
Recuerdo verla con un pañuelo rosado sobre su cabeza (aún lo conservo) y llamándola «cabeza de buñuelo«. Nos reíamos juntas. Unos cuantos años después me di cuenta que lo usaba para ocultar que ya no tenía pelo por las quimioterapias a las que se sometía. Jamás me percaté de su enfermedad siendo niña.
Allí también recuerdo cuando ella terminaba de bañarme y me colocaba arriba de la tapa del inodoro, envuelta en una toalla, para secarme.
Recuerdo curándome un pie junto a mi padre. Yo sentada de urgencia en una mesa que teníamos en el living de una casa en el barrio Prado. El hermoso patio de esa casa albergaba una piscina armable, para mi en ese entonces era enorme. Resulta que un verano me metí de cabeza y me accidenté pisando un vidrio dentro de ella. Aún tengo la cicatriz arriba de uno de mis pies.
Algo que me resultaba por demás extraño es cuando íbamos juntas en el ómnibus, probablemente hacia su trabajo en una biblioteca. Al sentarnos en los asientos enfrentados del final del bus, mis pies quedaban colgando sin tocar jamás el piso por más que me estirara, mientras que el resto de los pasajeros llegaba sin inconvenientes aparentes. Me preguntaba cuándo sería lo suficientemente larga para sentarme y tocar el piso.
Recuerdo que ella amaba la música clásica. Desparramaba por la casa la música cada día que podía.
Más adelante contaré el legado familiar de historias sobre ella (casi en su totalidad contados por mi abuela por eso le dedico el titular del post), ante mi infinita curiosidad por conocerla. Porque conocer su historia de vida y conocer la historia de mis padres, también es conocer mi propia identidad.

«Fuerza hija, mamá te mira y te guía.
El universo te acuna.
Estoy orgullosa de vos, de ese ser en el que te convertiste.»
Mensaje recibido en conexión angelical más de 20 años después.
